Arquitectura y urbanismo en el Puerto de Santa María durante el siglo XIX

  1. Barros Caneda, José Ramón
Dirigida por:
  1. Alfredo José Morales Martínez Director/a

Universidad de defensa: Universidad de Sevilla

Año de defensa: 1995

Tribunal:
  1. Enrique Valdivieso González Presidente/a
  2. Mercedes Espiau-Eizaguirre Secretario/a
  3. Delfín Rodríguez Ruiz Vocal
  4. Juan Miguel Serrera Contreras Vocal
  5. Alberto Darias Príncipe Vocal

Tipo: Tesis

Teseo: 54504 DIALNET lock_openIdus editor

Resumen

La Tesis Doctoral que se presenta tiene como fin mostrar y el desarrollo y evolución urbanística y arquitectónica de El Puerto de Santa María duran te el siglo XIX. Este siglo, convulso para todo el país, supuso para la ciudad una intensa renovación de su fachada visual. Una profunda remodelación del caserío y un intento frustrado de renovar sus estructuras urbanísticas adaptando plazas y calles a los nuevos postulados urbanísticos. Para explicar este proceso se ha considerado necesario ampliar el marco cronológico que supondría la mera adscripción al siglo; retornando al siglo anterior para observar la evolución, pero teniendo como punto de referencia la presencia del primer Arquitecto titulado de la Academia que ocupa el puesto de Maestro Mayor: Bartolomé Ojea Matamoros. El análisis se considera cerrado en 1875, momento en que se inicia el último edificio de carácter público de la ciudad; el Palacio de Justicia, si bien esta fecha actúa igualmente como punto de referencia por cuanto en algunos capítulos se ha ampliado hasta finales del siglo por considerar imprescindibles las actuaciones que durante esos años se efectúan. La estructura de la Tesis ha tratado de reflejar, a través de sus capítulos, los elementos que componen y definen una ciudad; los parámetros que articulan el funcionamiento urbano y sobre los que la actuación humana incide para configurar un modelo urbano, adaptado a un pensamiento y a un modo de vida. Así el capítulo I, bajo el título de las Ordenanzas y los Maestros de Obras, trata de explicar, en su primer apartado, el proceso legislativo que vivió la ciudad desde 1780, momento en que se inician actuaciones contra el sistema gremial, hasta la definitiva publicación de unas Ordenanzas Municipales propias, hecho este que se produce a principios del actual siglo. Este proceso iniciado por el Municipio se intensificó a partir de la aparición del primer arquitecto titulado por la Academia que ocupó el puesto de director de obras de la ciudad; el ya citado Bartolomé Ojea, cuyas actuaciones y propuesta incidieron en la necesidad de establecer ciertos controles a la actividad arquitectónica y urbanística; así como a las actuaciones de los Maestros de Obras, dando lugar a un enfrentamiento con los no titulados, cuestión habitual en el resto de ciudades del Reino. Posteriormente se van dando distintas reglamentaciones, teniendo como base las Ordenanzas Municipales de Cádiz, hasta que se inicia en 1870 la redacción de unas Ordenanzas propias, que culminan con su publicación en 1906. El segundo apartado aporta una relación completa de los Maestros de Obras y Maestros Mayores y Arquitectos que trabajaron en la ciudad desde la segunda mitad del siglo XVIII, teniéndose como referencia el último citado por Hipólito Sancho en su �Historia de El Puerto de Santa María�. El Capítulo segundo muestra el proceso de intervención que se produce sobre los componentes del viario y los espacios públicos, así como sobre dos zonas de especial relevancia en la configuración de la ciudad: el Campo de Guía y la Ribera del Río. La cuestión de los espacios públicos se centra en dos intervenciones dieciochescas y otras dos decimonónicas, relacionadas, estas últimas, con el proceso desamortizador en la ciudad. En lo referente al viario se realiza durante la segunda mitad del siglo XIX proyectos de reordenación, con un sentido de figura de planeamiento urbanístico, que afectarán a diversas calles de la ciudad, pero que a pesar de la prudencia mostrada a la hora de intervenir sobre el parcelario se concretaron en escasos resultados, por las dificultades que conllevaba su aplicación. Un elemento fundamental en la configuración del trazado urbano lo constituía la Ribera. Era éste un trayecto que se extendía de forma paralela al río y que durante el período estudiado se verá afectado por políticas constructivas opuestas, sobre todo en lo referente a una figura arquitectónica de especial relevancia: los soportales. Este amplio espacio cubierto en buena parte de su trayecto por este elemento arquitectónico cubierto en buena parte de su trayecto por este elemento arquitectónico y aún durante la segunda mitad del siglo se siguen proyectando edificios que en fachada contaban con él, extendiendo su influencia arquitectónica hasta el embarcadero de la Pescadería, ya en las proximidades del límite del casco urbano. Sin embargo, durante el siglo XIX el proceso fue inverso, iniciándose la ocupación del espacio público que ocupaban los soportales y en consecuencia despareciendo parte de ellos bajo los auspicios de una política urbanística basada en la seguridad, la higiene y el ornato. El otro aspecto esencial en el tema urbanístico lo constituye la urbanización de la zona conocida como el Campo de Guía, una amplia faja de terreno ubicada entre el límite del casco urbano y la playa, y en el que una política restrictiva había evitado su urbanización durante el siglo XVIII. Sin embargo en el último tercio del siglo comienza su progresiva ocupación, ya con un cierto carácter industrial, la cual se consolidará durante el siglo XIX bajo las pautas urbanísticas proyectada por Torcuato José Benjumeda y Juan Daura, adquiriendo durante esta época el carácter definitivo de zona industrial vinculada con el importante sector bodeguero de la ciudad. El tercer capítulo se refiere a las Infraestructuras urbanas y recoge desde el último tercio del siglo XVIII las diversas actuaciones que se realizaron en los temas de alcantarillado, empedrados, acerados y transporte público. El cuarto capítulo muestra las actuaciones vinculadas a los poderes públicos que se efectúan a partir del último tercio del siglo XVIII. En primer lugar un proyecto frustrado compuesto por cárcel y ayuntamiento que finalmente acabó siendo pescadería. La idea inicial de construir un inmueble que fuese cárcel, ayuntamiento y alhóndiga fue fruto de una interesantísima controversia en la que influyeron factores urbanísticos, de infraestructuras y de representatividad. El problema radicaba en construirlo o bien en la plaza de las Galeras o en la plaza del Castillo. Finalmente se optó por lo último, si bien una vez iniciada la construcción fue paralizada, ubicándose la cárcel como edificio único en diversos locales alquilados hasta que se trasladó definitivamente a la calle Curva. El mesón, otro de los inmuebles públicos, fue reformado y ampliado por Bartolomé Ojea, siendo además el único plano que se conoce trazado por este arquitecto, de vital importancia para la ciudad. La pescadería fue un edificio que se replanteó a partir de los fundamentos ya construidos de lo que iba a ser la cárcel y ayuntamiento. La presencia del Conde O-Reilly fue decisiva para la readaptación del proyecto en el último tercio del siglo XVIII. Se mantuvo en funcionamiento hasta un siglo después en que fue vendida y sustituida por otra, proyectada por Adolfo del Castillo en 1876. Finalmente el Palacio de Justicia. Fue este un gran proyecto de intervención integral en el centro del casco urbano. Tras el derribo del Convento de los Descalzos en 1868, se pensó en trazar sobre el solar una plaza que supliera la escasez de espacios públicos de la ciudad. El proyecto se encargó al arquitecto Adolfo del Castillo que ejecutó diversos trazados sin llegar a ejecutarse. Finalmente se decidió ampliar la intervención construyendo un edificio para Palacio de Justicia y Escuela, que nuevamente hizo Adolfo del Castillo y cuyo diseño comprendía la formación de la plaza y la intervención sobre el caserío colindante, a fin de conseguir una actuación unitaria. Iniciadas las obras, surgieron innumerables problemas que retrasaron la terminación del inmueble hasta los años noventa, en que finalmente fue inaugurado como ayuntamiento. El Capítulo quinto, titulado arquitectura privada, recoge el gran núcleo constructivo de la ciudad. La Iglesia del Convento del Espíritu Santo iniciada su reconstrucción en el último tercio del sigo XVIII y finalizada en 1851. El gran proyecto del colegio de San Luis Gonzaga, de la orden jesuita, trazado por Balbino Marrón en 1865 sobre el solar del desamortizado convento de San Francisco y que, al igual que en el caso del Palacio de Justicia, supuso una amplia intervención urbana, remodelándose la plaza que antecedía al convento y proyectándose, si bien no se llevaron a cabo, modificaciones urbanas que sirvieran de conexión entre la ciudad y el área de expansión que se abría al otro lado de la plaza. Y finalmente la arquitectura doméstica, un apartado de gran importancia por cuanto permitirá conocer y definir la fachada exterior de la ciudad, y el ámbito doméstico. En este sentido, se estructura en dos apartados: estilo y tipología. Con respecto al primero se ha observado la presencia de una constante estilística que aflora durante todo el período estudiado, el clasicismo. Una fórmula racional, geométrica y ordenada que a partir de determinados momentos del siglo convive con elementos eclécticos, bajo lo que hemos denominado clasicismo ecléctico. Las tipologías, por su parte, se han definido a través de la casa burguesa, la casa comercial con su vertiente doméstica y el bloque de viviendas, fórmulas procedentes de la casa barroca burguesa de la cual evolucionarán adaptándose a las nuevas necesidades del siglo. El Capítulo sexto desarrolla un aspecto fundamental en el perfil de la ciudad, la arquitectura industrial, que se explicará a través de tres apartados: las bodegas, la fábrica de gas y las industrias menores. Las bodegas se conformarán como una tipología de especiales características, que incidirán de forma esencial en la imagen de la ciudad, caracterizando determinadas zonas como el Campo de Guía, y áreas de margen del casco urbano con el clásico volumen regular cubierto a dos aguas que muestra la tipología bodeguera, pero que no será el único ya que aparecen otras tipologías, como las bodegas menores y la casa-bodega. De esta manera se desarrolla el diseño de la ciudad de El Puerto durante la etapa estudiada. Las actuaciones aquí reflejadas, los estilos y tipologías aun perviven definiendo el casco histórico de la ciudad, pese a las agresiones sufridas durante el presente siglo.